domingo, 13 de noviembre de 2016

Tu voto de ayer

Ayer pasó de largo, como tantos otros "ayer". Pero no es un olvido, ni un descuido, ayer era necesario que no se recordase, que no se celebrase, con una lógica tan perversa que muy probablemente te estarás preguntando ¿que mierda era ayer? 




Ayer, pero no el ayer del calendario, sino en el ayer del tiempo, una mujer decidió que era hora de poner a las mujeres argentinas en el real lugar de nuestras vidas, ayer, tan solo 65 años antes, las mujeres votaban por primera vez en la historia, se convertían en sujeto de derecho para el código electoral, se animaban a plantearse regir sus propios destinos, y el de sus hijos, y el de sus hombres. Ayer se animaban a compartir esta aventura, seguras del papel protagónico que la historia en general y que nuestras historias en particular, les tienen reservado. Ayer era un día de fiesta, era un "Ni una menos" pero de verdad, porque para que haya una menos no es necesario matarlas, basta con callarlas, ocultarlas, negarlas. Pero ayer no hubo aplauso, grito ni fiesta, se perdió como tantos otros días ignotos para los machos mas machos y para las féminas más féminas. Era necesario que fuese así, no vaya a ser cosa que a otras más se les sigan ocurriendo esas pavadas de creerse iguales o quizás superiores, ya bastante hubo con la yegua y las viejas de mierda que defienden a los guerrilleros. Viéndolo así, ayer si hubo un festejo, el de todos esos infames que piensan así, que viven y obran así, prefieren arrastrarnos a todos a un olvido colectivo, que casi es lo mismo que un suicidio colectivo, porque nunca habrá pueblo con menos futuro que aquel que mate su memoria. Esos parias que si recordaron ayer festejar el olvido no podrán olvidar como hay personas, mujeres, dispuestas a no rendirse nunca, y así una Evita convaleciente por el cáncer que otros parias festejaban, no daba el brazo a torcer y aun desde la fría cama del hospital ponía su voto casi como un último acto de rebeldía, como el mensaje más claro de cual era su legado, no rendirse, darlo todo. Esos parias siguen con su tarea sucia de ayer. Hoy desparraman sus mierdas y sus miserias yendo a la carga contra otra mujer que no dará el brazo a torcer, que no tendrá miedo, que le sobrarán agallas, ovarios; esos miserables vivirán maldiciendo que estarán rodeados de las medidas populares que dos grandes mujeres nos han legado, disfrutarán de esos beneficios sin el menor remordimiento y llenos ya de ellos, saldrán a esputar sus resentimientos contra quienes los llevaron a cabo. Ayer fue Evita, ayer fue Cristina, si queremos un mañana, hoy no podemos olvidarlas.

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