domingo, 29 de enero de 2017

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es un CEO

Pasaron largamente más de 400 días desde que las urnas decretaron un cambio en el paradigma político, suena a mucho, pero a muy poco si aun pensamos que quedan por delante otros mil días por recorrer. Reconozco que no lo esperaba, sabía sin dudarlo que la candidatura de Scioli no era de las mejores que podíamos ofrecer al electorado, por defecciones propias de su mandato y por la intensa campaña propagandística en contra; a no dudarlo que encontré en esta situación la primer excusa de la derrota, no supimos construir una nueva dirigencia, con un poder real. Tampoco pude entender que se pretendió con el tema de Florencio Randazzo. Hay muchos que con liviandad lo juzgan por aquello de haber dejado de lado las premisas fundamentales del peronismo, Primero la Patria, luego el movimiento y por último los hombres, pero a pesar de ser cierto que él estaba suscrito a esas máximas de antaño, muy probablemente pueda haber hecho otra evaluación que respetase esas máximas y no soy yo quien lo juzgará en algo que tan pocos conocen. Como con este ejemplo, en los días posteriores a la derrota surgieron miles de análisis y conclusiones sobre las causas, dejando entrever acertadamente que había más de una causa que explicaban la derrota, y siendo así, nos obligaba a una profunda revisión sobre las acciones que habíamos tomado desde el poder y que la sociedad, al menos el 51% del electorado, habían considerado que eran desafortunadas o escasas. Pero como ya mencioné, han pasado 400 días y se han llevado nuestros cabildeos y conclusiones, parece ser que nos resignamos a vivir bajo esta manta oscura dejando que el tiempo corra, pensando fundamentalmente en dos cosas, una, que su mandato, si tenía el signo que nosotros le avizorábamos, iba a provocar una rápida degradación de las conquistas adquiridas, y por ende, rápidamente, iba a encontrar una resistencia social apoyada en aquellos actores contrarios al gobierno, y dos, si mirábamos la composición de las cámaras, había una cierta tranquilidad al pensar en que el balance de fuerzas claramente desfavorecía al nuevo gobierno y ese sería el principal dique de contención institucional de la avanzada de la derecha. Nada de eso ocurrió. La casi totalidad de la sociedad, con obvias excepciones, se prestó mansamente a la pérdida de sus conquistas, y la dirigencia que debería haber encabezado los reclamos solo se preocupó de manera abyecta a buscar reacondicionar sus espacios de poder, entregando sus compromisos sociales contra la adquisición de beneficios personales, el accionar de los nefastos dirigentes de la CGT, es un claro ejemplo de ello, estos dirigentes carroñeros son una afrenta a la memoria de tantos compañeros que nunca bajaron los brazos ni en la circunstancias mas adversas, pagando muchas veces con sus vidas el reclamo por una vida mejor para el resto de sus compatriotas. En cuanto al comportamiento de los legisladores, ha sido una nefasta sorpresa, personas que han tenido una conducta destacable durante la administración anterior, ni bien apoyaron la finalización de su tracto digestivo en una banca, de pronto comenzaron a esputar miserias propias y ajenas, parándose muchas veces en las antípodas de las ideas que defendían mientras eran candidatos de la administración anterior y con las cuales consiguieron sus bancas. Así las cosas, en estos 400 días, nos convertimos para el resto de la sociedad en unos loquitos que quieren que le vaya mal al gobierno solo por una cuestión dogmatica, con un análisis tan precario que no logran ver que cada vez que a un gobierno le va mal, o cuando aplica políticas erróneas, los primeros que pagamos el costo de sus desaciertos somos nosotros, los de abajo.
Así y todo no nos rendimos. Pocos o muchos, pero de pie. Día a día hemos esperado que ante la noticia de un nuevo avasallamiento, un nuevo insulto, la gente gane las calles, reclame, grite, se rebele, pero no, no ocurrió, y quizás no ocurra, porque poca revolución se puede esperar de aquel que solo sale a la calle cuando le vacían el bolsillo, la misma gente que pidió que se vayan todos y votó a los mismos, incomprensible pero real. Se que cada día somos más, hay cada vez más conciencia y son varios los que saltan el cerco y se animan a caminar este lado de la vereda, aunque aun haya mucho odio y por ende poca inteligencia, porque el odio consume la razón, quien odia no razona, no vive.
Es triste, pero cierto, que han sido elegidos. Ya ni importan quizás los engaños a los que recurrieron, fueron elegidos dentro de las reglas de juego, y tal cual lo prometieron, pusieron a cuidar de las ovejas a sus lobos, pero nadie ha dicho nada, o pocos han dicho poco. Nos quedan las calles, las paredes, todo aquello que permita salirnos del corral informativo, este apagón mediático que tenemos todas las voces opositoras, pero es una tarea de hormiga, aunque irrenunciable, hoy mas que nunca debemos salir a hablar, a convencer, a instalar el real debate que debe dar esta sociedad, ¿Cual es el modelo de país al que aspiramos? Despojarnos de las ideas preconcebidas de nuestras formaciones políticas, hacer comprender que ya no es más el River-Boca que nos hicieron creer que era la política, haciendo olvidar el contenido verdadero del debate; hoy es un fundamental mostrar que los partidos, se llamen como se llamen, solo son herramientas útiles al funcionamiento democrático, pero lejos estan de representar ideología alguna, los peronistas hemos tenido nuestro Menem y el Radicalismo su De la Rua, se que es dificil, pero no imposible, es necesaria una preparación para no caer en la ira ante los argumentos que se esgrimen sin mayor elaboración como el tan mentado y obícuo "se robaron todo", pero no nos queda otra, nuestro enojo les juega de su lado, no digo de poner la otra mejilla pretendiendo ser mas papista que el papa, pero si estoy convencido que nuestro margen de acción se acota si nos enojamos, por eso digo que precisamos aprender; aprender para poder enseñar, para rebatir posturas quwe en general pecan de endebles.
Estamos en desventaja, no descubro nada nuevo, pero soy de los que opinan que las victorias se disfrutan más cuando arrancas perdiendo; tengo la rara sensación de que lo que venga será mejor, porque necesariamente deberemos haber aprendido de nuestros errores para volver, negar cualquiera de estas apreciaciones, nos hará caer en los mismos errores que hoy pagamos y que a este paso han de pagar varias generaciones de argentinos, y aunque nos duela, debemos afrontar esta realidad, que como dijo el poeta, nunca ha de ser triste