Toqué fondo cuando el país también lo hizo. La vida se hizo dura, invivible. El ejido social se desarticuló. Definitivamente desapareció el vecino pidiendo una taza de azúcar o un par de huevos prestados para hacer unas galletas o pan, que una vez consumados cruzarían los lindes como retribución o pago; desapareció dar gracias, pedir permiso. El individualismo se hizo rey y la sociedad se encaminó a vivir en ese reino. El "sálvese quien pueda" fue el let motiv para justificar las acciones individuales mas abyectas. Pero por suerte, también siguieron estando los de siempre, aquellos que nunca se rinden, los que repartieron lo poco o mucho que tenían para dar, los necesarios e imprescindibles. Vino el trueque, las formas más básicas de supervivir a la hecatombe que era el país o sus despojos. La Argentina violenta y arrasada ofreció un piso desde el cual comenzar a cimentar una recuperación impensada para esos días y Duhalde se convirtió en un eficaz piloto de tormentas, al amparo, claro está, de una estructura poderosa como siempre lo será el peronismo en los sectores mas poblados de la república.
Esta vez puedo decir que sí lo voté. No porque lo conocía ni porque me resultaba simpático, sino porque venía con el visto de Duhalde a quien vuelvo a recordar como un gran piloto en medio de esa tormenta. Fue amor a primera vista, mandar al carajo al protocolo, la seguridad y las normas e ir en busca de ese pueblo que lo vitoreaba esperanzado, se trajo la frente rota como un augurio de lo que le esperaba más adelante, dar sangre por sus ideales, nos propuso un sueño que era mi sueño, el sueño de tantos; son tantas las cosas que viví con ellos que se hacen difícil de enumerar sin caer en el injusto olvido de alguna tan trascendental como las que recuerde. Recuperé la alegría, la esperanza, me animé a decidir sobre mi futuro, a hacer mi casa, a traer un niño al mundo, un mundo mucho más acogedor habría de recibir a mi Manuel.
Por sobre todas las cosas puedo decir que aprendí. Volví a mirar al otro como un par, no como una competencia, aprendí que vivir con orgullo debe ser una elección diaria que nadie nos puede quitar y aprendí que siempre habrán parias, personas que deberían caer en la ignominia pero que encuentran facilidades para operar en la fragilidad de la memoria colectiva. Y entendí que Alfonsín hizo lo que pudo, que debió luchar contra los mismos garcas de siempre, que ser gorila iba mas allá de un partido y entendí, espero que no tarde, cual era el poder real y quienes lo ejercían y fui feliz de desafiarlo de sentir que se podía torcer la historia, que se podía honrar a aquellos que nos habían honrado con sus ideales superadores y así mi hijo se llevará para siempre un Manuel como un mínimo homenaje a un Belgrano tan desmerecido como olvidado.
Pero tanto bueno no podía durar y se nos fue Néstor y la puta madre que mala suerte, y olieron sangre y fueron por más y al final allí están, Y por eso aquí estoy. Quizás debería haber estado antes, pero solo puedo escribir por lo que vendrá, Y si, al final de cuentas lo bueno duró muy poco
domingo, 26 de junio de 2016
No hay mal que dure cien años, pero que poco dura lo bueno (parte I)
La frase vieja y remanida nunca puede ser una aseveración, lamentablemente hay cientos de ejemplos de males con larga vida burlándose de los centenarios, sin embargo, buscando en los escondites de la memoria, no hallo ninguna definición sobre lo bueno, quizás, que lo bueno dura poco es una sentencia que bien podría usar, pero cuanto es ese poco? claro, resulta intangible, poco puede ser una eternidad o algo infinitesimal según el ojo evaluador.
Me pasó con Néstor y Cristina, simplificando las cosas, puedo afirmar que para mí fue la mejor etapa mía y del país, sin dudas, y aquí ya no importan los años, los meses y días, esa etapa resultó ser la más brillante de acuerdo a mi criterio, sin embargo, mas allá de las cuestiones físicas y de almanaques legados por egos romanos, me resultó poco, muy poco, no se si poco tiempo de vivir en "gracia" y poco tiempo como para compensar los otros tiempos oscuros, hay días en que lo veo de una forma y días en que los veo de la otra, y quizás las dos sean ciertas y deban coexistir.
Tengo 44 años próximos a caducar en cualquier momento, nací en medio de una de las tantas dictaduras, dibujaba mis primeros palotes cuando Perón se iba y el país comenzaba a desilacharse. Me eduqué entre botas en un hogar que se lloraba por el general y Evita, recuerdos vagos de algún día bajando de un bondi de la mano de mi viejo y terminar todos contra la pared para ser palpados, aun yo, que era un niño recuerdo haber estado de piernas separadas y las palmas de las manos apoyadas contra el muro arriba de la cabeza, cosas de esos días locos, pero lo mio fue como en esa película italiana, "la vida es bella" y mi niñez no recibió la bofetadas del gobierno de turno, no se si por mérito de mis viejos o por mi ignorancia infantil, lo cierto que salvo las lágrimas por Malvinas, poco más recuerdo de esos días, no se si para bien o para mal, pero es así, quizás cuando las canas vuelvan blancos los pocos pelos que resten, esos días me vuelvan a hablar al oído, mientras tanto nada puedo decir de esos años.
Alfonsín me despidió de la primaria atajando penales en el primer año de su gestión, en casa, solo se mascullaba bronca porque los gorilas del radicalismo habían tomado el poder y se lamentaba mi viejo por Perón y Evita. Entrar en la secundaria fue la puerta de ingreso a mi participación política, un centro de estudiantes fuertemente politizado que renacía luego del ostracismo de la dictadura fue el lugar donde comencé a cimentar mis ideas de sociedad, país, y demás sentimientos que hoy me guían. No tengo pruritos en decir que padecí a Alfonsín, y por esas fechas, lejos de haber incorporado los conocimientos que hoy me movilizan, creía que el Peronismo tenía razón y que Alfonsín era un fiasco, así que no dudé en celebrar la llegada de Ménem al poder y la pronta partida de un tipo que me hacía la vida cada día un poquito más difícil. A la distancia suena mezquino, pero yo trabajaba desde niño y los vaivenes económicos me arrebataron sudores y sueños durante esa época, y para mí, ese era mi mundo por esos días. Culminé la secundaria en el 90 con un gobierno que aun buscaba despegar, pero con una contención brindada por el apoyo de los sindicatos que antes habían estado tan activos, ahora se paseaban junto al caudillo riojano.
No lo voté. Pero es cierto que lo hubiese hecho de haber podido. Las leyes electorales me pedían 18 años y no se cuantos meses para estar en el padrón y por días no llegué a poner mi primer sello en el DNI allá por el 89. Pero tampoco supe ver el daño que se estaba haciendo, y me sumé indagando, pero en la senda equivocada, a alguno de los discursos de esos días. Creo que no me enteré nunca de lo que estaba pasando. Un poco más grande, estaba más concentrado en mi día a día, en conseguir empleo, que en volver a tener una mirada mas social. Creo que fue por el 98 cuando pude ver una pelicula que Victor Hugo la recomendó por la radio (siempre lo seguí, me encantó siempre su amplio repertorio para expresarse) "Tocando el viento" o "Brassed Off" según su titulado original, si no la han visto, les recomiendo que lo hagan, yo llegué a ella por la música exquisita que prometía, pero la trama resultó ser impactante, dramática y realista, tanto que luego de verla me pregunté necesariamente si eso mismo estaba pasando aquí. Las respuestas no tardaron en llegar, solo era cuestión de abrir los ojos, quizás el hecho de vivir en La Plata, una ciudad capital y eminentemente administrativa me había alejado de muchas realidades, y en un abrir y cerrar de ojos volvieron a mis pupilas esos pies descalzos que golpeaban la puerta de mi casa en la niñez para pedir algo de comida, aunque en casa nuca había tanto, también es cierto que nunca fue tan poco.
Darse cuenta fue una de las cosas más duras que me pasó a ese nivel, puedo encontrar mil excusas, pero nada puede revertir lo que pasó, lo que nos pasó. Y me renegué, me renegué de todos. Conocí la vergüenza de hacer interminables colas buscando un trabajo junto a miles de personas que buscaban lo mismo que vos y tuve que bajarme los pantalones, bajar la mirada, y tratar de seguir, ya por el 2000 tenía una familia a la que atender y tuve que callar, otorgar, perder mi dignidad para no perder un trabajo. Quedé a cargo de un par de negocios de un gallego hijo de puta que se cansó de sacarnos el jugo, pagar nada, amenazarnos, subyugarnos, actuar psicologicamente para desmerecernos, quitarnos valía y valor. En esa época me sentí un paria, diciéndole que no había trabajo a cada una de las personas que venían a los locales a pedir trabajo, gente grande, con hijos, viejos, jóvenes, todas las realidades vinieron en esos días a pedir para trabajar, para comer y yo fui el hijo de puta que les decía una y otra vez que no. Renegué de los políticos y me sumé al que se vayan todos y en alguna votación puse la foto del Enzo dentro del sobre como un minúsculo acto de rebeldía y ya no me importó nadie más, ni radicales ni peronistas mi vida era el epítome del plan maquiavélico que se había desarrollado en el país. Yo era su fruto.
Me pasó con Néstor y Cristina, simplificando las cosas, puedo afirmar que para mí fue la mejor etapa mía y del país, sin dudas, y aquí ya no importan los años, los meses y días, esa etapa resultó ser la más brillante de acuerdo a mi criterio, sin embargo, mas allá de las cuestiones físicas y de almanaques legados por egos romanos, me resultó poco, muy poco, no se si poco tiempo de vivir en "gracia" y poco tiempo como para compensar los otros tiempos oscuros, hay días en que lo veo de una forma y días en que los veo de la otra, y quizás las dos sean ciertas y deban coexistir.
Tengo 44 años próximos a caducar en cualquier momento, nací en medio de una de las tantas dictaduras, dibujaba mis primeros palotes cuando Perón se iba y el país comenzaba a desilacharse. Me eduqué entre botas en un hogar que se lloraba por el general y Evita, recuerdos vagos de algún día bajando de un bondi de la mano de mi viejo y terminar todos contra la pared para ser palpados, aun yo, que era un niño recuerdo haber estado de piernas separadas y las palmas de las manos apoyadas contra el muro arriba de la cabeza, cosas de esos días locos, pero lo mio fue como en esa película italiana, "la vida es bella" y mi niñez no recibió la bofetadas del gobierno de turno, no se si por mérito de mis viejos o por mi ignorancia infantil, lo cierto que salvo las lágrimas por Malvinas, poco más recuerdo de esos días, no se si para bien o para mal, pero es así, quizás cuando las canas vuelvan blancos los pocos pelos que resten, esos días me vuelvan a hablar al oído, mientras tanto nada puedo decir de esos años.
Alfonsín me despidió de la primaria atajando penales en el primer año de su gestión, en casa, solo se mascullaba bronca porque los gorilas del radicalismo habían tomado el poder y se lamentaba mi viejo por Perón y Evita. Entrar en la secundaria fue la puerta de ingreso a mi participación política, un centro de estudiantes fuertemente politizado que renacía luego del ostracismo de la dictadura fue el lugar donde comencé a cimentar mis ideas de sociedad, país, y demás sentimientos que hoy me guían. No tengo pruritos en decir que padecí a Alfonsín, y por esas fechas, lejos de haber incorporado los conocimientos que hoy me movilizan, creía que el Peronismo tenía razón y que Alfonsín era un fiasco, así que no dudé en celebrar la llegada de Ménem al poder y la pronta partida de un tipo que me hacía la vida cada día un poquito más difícil. A la distancia suena mezquino, pero yo trabajaba desde niño y los vaivenes económicos me arrebataron sudores y sueños durante esa época, y para mí, ese era mi mundo por esos días. Culminé la secundaria en el 90 con un gobierno que aun buscaba despegar, pero con una contención brindada por el apoyo de los sindicatos que antes habían estado tan activos, ahora se paseaban junto al caudillo riojano.
No lo voté. Pero es cierto que lo hubiese hecho de haber podido. Las leyes electorales me pedían 18 años y no se cuantos meses para estar en el padrón y por días no llegué a poner mi primer sello en el DNI allá por el 89. Pero tampoco supe ver el daño que se estaba haciendo, y me sumé indagando, pero en la senda equivocada, a alguno de los discursos de esos días. Creo que no me enteré nunca de lo que estaba pasando. Un poco más grande, estaba más concentrado en mi día a día, en conseguir empleo, que en volver a tener una mirada mas social. Creo que fue por el 98 cuando pude ver una pelicula que Victor Hugo la recomendó por la radio (siempre lo seguí, me encantó siempre su amplio repertorio para expresarse) "Tocando el viento" o "Brassed Off" según su titulado original, si no la han visto, les recomiendo que lo hagan, yo llegué a ella por la música exquisita que prometía, pero la trama resultó ser impactante, dramática y realista, tanto que luego de verla me pregunté necesariamente si eso mismo estaba pasando aquí. Las respuestas no tardaron en llegar, solo era cuestión de abrir los ojos, quizás el hecho de vivir en La Plata, una ciudad capital y eminentemente administrativa me había alejado de muchas realidades, y en un abrir y cerrar de ojos volvieron a mis pupilas esos pies descalzos que golpeaban la puerta de mi casa en la niñez para pedir algo de comida, aunque en casa nuca había tanto, también es cierto que nunca fue tan poco.
Darse cuenta fue una de las cosas más duras que me pasó a ese nivel, puedo encontrar mil excusas, pero nada puede revertir lo que pasó, lo que nos pasó. Y me renegué, me renegué de todos. Conocí la vergüenza de hacer interminables colas buscando un trabajo junto a miles de personas que buscaban lo mismo que vos y tuve que bajarme los pantalones, bajar la mirada, y tratar de seguir, ya por el 2000 tenía una familia a la que atender y tuve que callar, otorgar, perder mi dignidad para no perder un trabajo. Quedé a cargo de un par de negocios de un gallego hijo de puta que se cansó de sacarnos el jugo, pagar nada, amenazarnos, subyugarnos, actuar psicologicamente para desmerecernos, quitarnos valía y valor. En esa época me sentí un paria, diciéndole que no había trabajo a cada una de las personas que venían a los locales a pedir trabajo, gente grande, con hijos, viejos, jóvenes, todas las realidades vinieron en esos días a pedir para trabajar, para comer y yo fui el hijo de puta que les decía una y otra vez que no. Renegué de los políticos y me sumé al que se vayan todos y en alguna votación puse la foto del Enzo dentro del sobre como un minúsculo acto de rebeldía y ya no me importó nadie más, ni radicales ni peronistas mi vida era el epítome del plan maquiavélico que se había desarrollado en el país. Yo era su fruto.
Bienvenidos
Hola, soy Jesús Gabriel Maldonado, estoy comenzando este blog para hablar sobre actualidad y política como un medio de canalizar mis inquietudes y compartirlas, tratando de no mezclar otros aspectos de mi vida para los cuales tengo por un lado el facebook ( facebook personal ) y mi blog personal ( http://casiloquedeseaba.blogspot.com.ar/ ) en donde he alternado textos de distinta índole. Quienes quieran conocerme mejor los invito a dar una vuelta por ellos. Comencemos
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