sábado, 4 de febrero de 2017

La Santa Teresita que no asusta

Creo que ya no comienza a aplicar eso de hacerse duro, curtido por los golpes, cada día estoy a un paso de pronunciar que ya no me asombro de nada más y sin embargo estos personajes se encargan de pegarte un nuevo mazazo y no me queda otra que indignarme, luchar por contener al monstruo que convive dentro mio y que quiere ir a espetarle varias verdades en la cara a los autores de algún nuevo atropello. Hoy me llega el link de un blog en la página oficial del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en donde un pretendido poeta, una tal Washington Cucurto, hace una descripción de lo que para su mirada fue la visita a Santa Teresita (http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/156604437325/lindo-pero-no-vuelvo-ni-loco) . En su relato se mezclan todo tipo de adjetivos despectivos de lo que le tocaba cruzarse en su aventura a ir a una playa que él termina describiendo como "muy justicialista", endilgándole por añadidura todo su desprecio al justicialismo, lo cual en definitiva termina por describirlo a si mismo, más que hacer un relato de lo que encontró en la playa. Pero no me asombra, lamentablemente no son pocos los Cucurtos que pululan por doquier, desparramando sus frustraciones de no poder pertenecer a esa elite a la que adhieren, pero desde afuera del círculo que los envuelve, sin comprender que por más genuflexiones que les hagan, nunca podrán pertenecer a ese grupo, es como aquellos que son aceptados en la página de algún personaje conocido y se creen amigos en el real sentido de la palabra. Pero bueno, allá ellos y sus frustraciones, son en definitiva pobre gente, los entiendo, no crean que no, me da lástima esa vida de no poder disfrutar, porque ya lo pueden ver en el relato, el Cucurto no disfruta, su frustración no le permite ver que al menos pudo ir en su Kangoo a tomarse unas vacaciones, cuando eso por más banal que parezca, aun es el sueño incumplido de demasiados argentinos, pero claro, le molesta, no ve en ese gordo que se clava un sanguche de milanga repleto y desbordante de tomate y lechuga y mayonesa, que el tipo es feliz, que le gusta precisamente eso que está comiendo, que lo come él y lo comparte con su familia, no puede pensar que ese sanguche seguramente sea una pequeña muestra de la colaboración familiar, el padre que hizo algún laburito de más para tener los pesitos extras para las vacaciones, los pibes que fueron a hacer los mandados para comprar los elementos para las milangas y la madre al frente de todo, como siempre, cocinando y dejando todo preparado para meter en la heladora. Pero para Cucurto es una grasada, puede que extrañe las comidas más elaboradas, pero su bolsillo no le deja salir de la playa e ir a un restaurant donde con gusto le servirían lo que su paladar reclame, como esa gente a la que él sigue a pesar que lo condena a caminar entre cuerpos laburantes y no cuerpos laburados.



No obstante Cucurto y su visión sesgada, quizás lo que más me termina indignando es que su pluma ignominiosa encuentre espacio en la web oficial de la CABA. Aunque pensándolo bien, no deberíamos asustarnos, día a día nos encontramos con ejemplos como este más o menos elaborados, que hablan de divisiones sociales, méritos y mentiras que lamentablemente un grupo notorio de argentinos terminan comprando, pensando quizás que al suscribirse a las mismas pasan a ser parte de la élite que las promulga, para muchos la costa argentina es un bastión representativo del justicialismo y ya por eso no pueden poner sus pies en la arena, no obstante, hay otra historia, una que habla de como la morfología de la costa bonaerense fue cambiando a medida que las acciones sociales del peronismo cobraban fuerza y se hacían reales, jornadas limitadas de trabajo, descanso dominical, vacaciones pagas, aguinaldos y un largo número de etcéteras que hablaban de una movilidad social ascendente, y así los gremios no dudaron en ofrecer, con el aporte de sus afiliados, nuevos hoteles en donde poder disfrutar de alguna de esas conquistas, haciendo posible, por generaciones que familias enteras conocieran el mar, la playa, que pudiesen levantarse sin preocuparse de tender la cama, sentarse en el bar y esperar a que un mozo te atienda, todas esas pequeñas acciones que hasta ese entonces estaban reservadas a la clase dominante, y por eso comenzaron a irse, el advenimiento del turismo masivo les posibilitó huir de tanta grasada, tantas panzas redondas de harinas y vinos baratos, y así quedaron tres clases bien definidas, los de siempre, los dueños de todo, que directamente se subía a un avión y ponían sus pies en playa de arenas blancas, por otro lado, la enorme masa que internalizaba el privilegio a gozar de unas vacaciones recomponedoras como un derecho inalienable, y un grupo infeliz que anhelaba las arenas blancas de otras latitudes, pero su presupuesto los depositaban en playas bonaerenses con carritos que vendían frituras de todo tipo con un inocultable olor a grasa, los Cucurtos de esta historia; pero ya que mencionamos la historia, la misma no se detiene alli, no se detiene nunca, y no hace muy poco tiempo atrás, un gobierno que volvió a levantar las banderas nacionales y populares, posibilitó que muchos, muchísimos argentinos fueran en busca de las arenas blancas, sin renegar de su Santa Teresita, su Mar del Plata, pero se fueron en busca de un sueño, animándose a vivir en carne propia esos relatos fantásticos con los que los de siempre inundaron las pantallas por décadas, y acomodados en el mismo avión iban los Cucurtos, renegando porque ya ni en avión se podía viajar tranquilo, desacreditando a todo aquel que viajaba mal alineado, continuando por sobre todas las cosas, con su infelicidad, porque muy poco tiempo antes, hay que decirlo, los Cucurtos se habían tomado un avión y salieron por el mundo a mostrar como sus pesos valían un dolar, mientras que en Santa Teresita las playas comenzaban a extrañar la presencia de los de abajo, que ya ni para el pasaje tenían. Los Cucurtos tuvieron su momento de gloria, en donde se sentaban al lado de la gente de la tv, ese era su mundo, no el otro al que los condenó a vivir gobiernos que solo pensaban en darle a los vagos o los de abajo, a costa de sacarle a ellos que eran los que realmente contribuían a la economía del país, pero el sueño se les estrelló más temprano que tarde, y sus pies que conocían de arenas blancas tuvieron que volver a sortear carpas clavadas en el medio mismo de una playa de arenas oscuras y sucias de desperdicios. Los Cucurtos se volvieron más infelices aun y por eso votaron una revolución de la alegría que por ahora no basta para regresarlos al avión en busca de blancas arenas

miércoles, 1 de febrero de 2017

Lopez, porque no vas vos al almacén?

Listo, me cansé. Realmente es uno de esos momentos en los que parece mejor quedarse en casa para evitar hacer alguna macana. Recién, por enésima vez, me enfrasqué en una discusión política, en esta tarea cotidiana de tratar de abrir los ojos a quienes siguen mirando la vida desde los sillones frente a TN. Pero claro, tenías que aparecer vos, pedazo de hijo de puta, para que todos mis argumentos se vayan al tacho, y me convierta yo también en un chorro, un planero, un kaka, un comprado y miles de cosas mas que vuelan impunemente al aire como vos revoleaste los bolsos, pedazo de hijo de puta. Ahora gracias a vos, el almacenero, facho medio típico de estos pagos, un boludo que piensa que se robaron todo, pese a que él no te da ni solo ticket, ese personaje me tira tus bolso por la cabeza, tarado, ¡tus bolsos! y no encuentro forma de explicarle que vos sos una lacra, un chorro, pero por sobre todas las cosas sos un ser despreciable que se cagó en la confianza de quienes lo pusieron en el cargo, gente a las que conocías, que saludabas en los pasillos mientras vos te llenabas los bolsos, con dinero que no era tuyo, forro, y que gracias a tu avaricia sin límites parece que yo también te ayudé a poner los billetes allí adentro, porque, ¿sabes una cosa? no te llevaste puesta una administración (o casi) nos derribaste a todos los que pateamos la calle, idiota, todos los que no nos importa que no nos salude más el vecino si este sigue insistiendo en ser un globoludo, a todos nos cagaste pedazo de hijo de puta, tus bolsos van a ser un estigma que nos va a perseguir por siempre, millones van a seguir hablando de tus bolsos llenos de avaricia y no de las conquistas revolucionarias para las cuales en teoría vos trabajabas. Ojalá te pudras en la cárcel, ojalá te encuentres con la gente que perjudicaste al llenar esos bolsos con dinero mal habido, ojalá algún día salgas y te encuentre, porque soy de los que tienen memoria, y como yo muchos compañeros te vamos a encontrar y te vamos a recordar como tuvimos que barajar y dar de nuevo gracias a tus millones que no te van a servir para nada, pedazo de hijo de puta, porque además, me pregunto mientras no puedo bajar un cambio, ¿Para que tanta plata? en cuantos autos distintos pensabas viajar? boludo, ¿en cuantas casas ibas a vivir? pedazo de hijo de puta.



Solo hay una cosa que me da sosiego, mientras el teclado recibe mis embates cada vez menos violentos porque hace rato que encontré en esta sana costumbre de escribir la forma de calmar mis instintos mas salvajes, si se los quiere llamar así, me da tranquilidad el saber que pese a vos, pedazo de hijo de puta, ni yo, ni miles de compas vamos a bajar los brazos, por el contrario, vamos a seguir militando, lo vamos a hacer el doble, porque tenemos amor, convicciones y huevos, ovarios para las compas que nos acompañan, cosas que a vos te faltan