martes, 19 de julio de 2016

Votos de $1,60

Hernán es un tipo común. Pablo también. Vaya uno a saber como se ganan la vida, pero se la ganan. Sin embargo, hay algo que diferencia a Pablo de Hernán. Hernán tiene odio. Odia. Y por odiar ahora parece un burro, un pelotudo; y por lo menos, burro no es.

Hernán se viene parando frente al televisor y se ha comido todo el discurso que la hegemonía mediática le instaló en la cabeza y se lo creyó. Y todos fueron chorros, corruptos y no pudo rescatar nada, ni siquiera lo que le beneficiaba, todos estos años su mente leyó de corrupción y vagancia, que, seamos claros, bien puede haber de ambos, pero lejos están esos items de definir una política de estado; pero Hernán se encegueció y cuando vio que Florencia tenía ese vagón de guita que él nunca tendrá (y la mayoría de nosotros tampoco) su odio le sacó las cuentas que la matemática más elemental desecharía, sacó la fotito y se presentó en sociedad. Su lógica era irrefutable. Esos millones eran los que faltaban para pagar sus cuentas de servicios. Hernán no es burro. Solo leyó el título capcioso, como viene haciéndolo desde hace años, y no reparó, por ejemplo, en que esa plata estaba visible, declarada, en su país, no oculta en paraísos fiscales, pero claro, Hernán no puede ver esas cosas, porque odia, y quizás, pensándolo bien, ya odiaba de antes, no importa, odia ahora y odiaba también cuando emitió su voto amarillo, contento puso su boleta en la urna, y digo contento porque Hernán no es ni burro ni pelotudo, o al menos burro no es.
Pero Hernán no es el problema, porque Hernán odia, por eso Pablo no se las agarró contra Hernán, Hernán tiene bastantes problemas con él mismo; con ese odio que lo exhibió como un burro o un pelotudo (y ya sabemos que burro no es), el problema está con aquellos que sumados a esta cruel práctica de copiar y pegar, toman el papelito de Hernán y se lo apoderan y lo esgrimen en sus muros orgullosos de sus verdades y no ven que la cuenta no les cierra, $1,60 y pico da, pero nadie hace cuentas, no leen, no analizan, y ojo que no son ni burros ni pelotudos, o seguramente no son burros, pero tienen tanto odio como Hernán, y en este sentido, Hernán es mejor que ellos, al menos elaboró algo, no copió y pegó, claro que su elaboración estuvo signada por el odio, y desde allí poco bueno se puede esperar, ¿pero que le espera a quien ni siquiera esa actitud puede tener? Esa gente es el verdadero problema, los leedores de títulos catástrofe que quedan en la nada, profecías cataclíticas que no se cumplen, ellos son el problema, personas que esperan que los demás le resuelvan, que no pueden o no quieren hacer ni la más mínima elaboración, personas que alegremente votan por un millón sin ver que realmente habían $1,60. Personas que odian, y eso, permitanmé el exabrupto, no es de burro. Es de pelotudo

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