domingo, 17 de julio de 2016

Cosas de grieta

Hay palabras que se instalan en el inconsciente colectivo y terminan siendo verdades por antonomasia. No obstante, medios mediante, estas definiciones no siempre terminan respondiendo a sus verdades. Hay un término que me hace ruido ya hace un tiempo. La Grieta. Por todos los lados se la repitió hasta el hartazgo, se instaló como el símbolo icónico por excelencia de la separación en todos los estamentos de la sociedad argentina, la grieta, algo indeseable, traído de las manos de aquellos que solo quieren reflotar un pasado doloroso. Pero ocurrió algo notable, al aceptársele, inmediatamente se lo comenzó a negar y en el medio, todos, como siempre, rehenes de esos juegos mentales que proponen los medios.
La grieta existe. Puede que el nombre sea solo una construcción mediática mayor o menormente lograda, pero el concepto, la definición básica es real, palpable. La sociedad se para a sus orillas imaginando un país diametralmente opuesto, claramente la grieta no presenta un ancho uniforme, a lo largo de su recorrido ideal hay partes donde las orillas quedan más cerca, pero nunca se tocan, la grieta bien podría ser un río cuyo cauce nunca se interrumpe, y ¿puedo ser sincero? estoy orgulloso de estar en un lado de la misma.
Desde esta orilla creemos que la palabra solidaridad existe y por sobre todas las cosas merece ser ejercida. Claro que siempre hay parias que cruzan el cauce y se mezclan y confunden, pero son los menos, aunque claro, duelen, dañan.
Desde aquí no nos resignamos a vivir de rodillas, a que la genuflexión sea la única manera de alcanzar los sueños, es desde este lado donde la palabra independencia adquiere un valor superlativo, da razones para vivir, justifica.
Aquí la alegría. Aquí poco, pero para muchos.
Entiendo que no compartas lo que pienso, cosas de la grieta, pero vos de tu orilla y yo de la mia.

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