Mi amigo Sergio Guillermo del Intento tiene una interesante teoria, en la cual, esta mirada sobre gobiernos que tengan una mirada nacional y popular o aquellos que solo gobiernan para las minorías oligárquicas, prácticamente nunca han sido las alternativas de elecciones y no solo que lo comparto, sino que quiero ir más allá. Hagamos un poco de memoria, viajemos al año 1983, un país desangrado se aprontaba a volver a vivir en una vida democrática, las principales opciones eran las fórmulas lideradas por Alfonsín desde el radicalismo, y la encabezada por Luder en su contrapartida peronista, sin embargo, las consignas de campaña, lejos estaban de plantear modelos de países, las urgencias eran otras y pronto desde la bancada radical se instaló la idea, quizás no sin mucha razón, que la alternativa era paz o guerra, y seguramente esa bravuconada de Herminio Iglesias quemando un cajón, terminó por inclinar la balanza de aquellos que aun no habían decidido su voto; más adelante, en el 1989, las elecciones encontraban a un país en pleno proceso hiperinflacionario, con un gobierno asediado por varios frentes, urgido por entregar la banda presidencial a otro surgido del voto popular, para dar cumplimiento a su tarea fundamental de gobierno; siendo así, se debe elegir entre las fórmulas Menem-Duhalde y Angeloz-Casella, y nuevamente se dio esto de no votar ideas integrales de país, sino que se votaba a dirigentes del interior con reconocidas famas en sus terruños, ambos prometiendo domar a ese potro salvaje que era la inflación y la pobreza. Sabemos todos que ganó cómodamente la primer fórmula que representaba al peronismo y que entre sus promesas de campaña estaban la revolución productiva y un llamado salariazo, siendo quizás la primera la más cercana de las propuestas sobre un modelo de país, unida inequívocamente al frustrado modelo peronista de mediados de ese siglo; pero no cabe dudas que toda la ciudadanía votó para intentar frenar la miseria y domar la economía. Puede ser que aquellos que votaron a la fórmula de Alvaro Alzogaray vieran más allá de las promesas y pensaran en un modelo de privilegios de clases, pero su exiguo porcentaje los aleja de cualquier análisis.
Recordar que el riojano no hizo nada de lo que prometió no quita ni una coma del análisis y nos lleva a una elección de 1995 donde un gobierno que se vendía por doquier como exitoso dejaba sembradas no pocas dudas sobre la posibilidad de continuar con el "éxito" si no era reelecto y por otro lado, un rejunte de fuerzas se presentaba como principal obstáculo, liderados por José Octavio Bordón, que en síntesis agrupaba a la mayoría de los partidos y movimientos que estaban en contra de Menem y cuya principal premisa era esa, sacar al riojano del sillón de Balcarce 50. Terció en la disputa un joven gobernador radical Masaccessi, quien obtuvo un considerable margen de votos, pero no presentaba mayores propuestas más que la de arrogarse representar al centenario partido y sus ideales democráticos, y no por que esto fuese bueno o malo, sino que siempre se siguió sin votar por una cuestión más de fondo; amén de que su porcentaje de votos le hubiese permitido a la fórmula de Bordón vencer fácilmente a la del peronismo.
Las elecciones del 99 volvieron a instalar la antinomia, de un lado los peronistas liderados por un Duhalde que renegaba de su pasado bajo la tutela del riojano y por el otro una cofradía de candidatos cuya única promesa era desterrar al menemismo/peronismo con sus Cavallo y demás, pero de planteos fundamentales, de un lado ni del otro se hicieron presentes y así Fernando de la Rua se hizo con el poder, siendo para mí, el primer presidente llegado mediante la acción manifiesta de los medios de comunicación en ungirlo como tal.
Las elecciones del 2003 fueron desde todo punto de vista atípicas, pero el análisis es el mismo, aun cuando sabemos que ha sido Néstor en nuestras vidas, díganme quien lo votó pensando que haría lo que hizo luego, creo que había que ser un clarividente para intuir eso, mas allá de alguna promesa de campaña realizadas bajo el paraguas de Duhalde. En general la gente optó por elegir a caudillos como Kirchner o Rodriguez Saá, a algún candidato emergente como Lopez Murphy o Elisa Carrió o al inefable Carlos Menem. Nuevamente la discusión de fondo quedaba relegada y se votaba por medidas circunstanciales.
Las elecciones presidenciales siguientes, las del 2007, quizás han sido las primeras donde se ha comenzado a discutir sobre un tipo de Estado, pero en general la gente ha votado y hablado sobre políticas aisladas entre si, resaltando o repudiando distintas medidas, pero obviando que formaban parte de una concepción real de país. Es durante la gestión de Cristina cuando se comienza a hablar de la denominada Grieta, y de visiones antagónicas de país, así se llega a las próximas elecciones donde innegablemente el peso de la pérdida de Néstor le acerca un caudal de votos indulgentes, que de otra manera se habría ido al otro bando discutiéndola, volviendo a poner el foco en su persona y no en sus políticas.
Obtener el 54% fue lo peor que le pudo pasar al movimiento. Sin su compañero Cristina busco blindarse y comenzó una campaña en donde una y otra vez chocó y chocó contra medios cada vez más virulentos y así, pese a los esfuerzos en instalar la idea de que era necesario discutir un modelo de país, en especial en las postrimerías del gobierno de Cristina, se llegó a estas últimas elecciones donde la construcción mediática logró imponer nuevamente una antinomia a la hora de emitir los votos y se votaba a los K o a quien se presentase como su Némesis.
Por todo esto creo fundamental que se haga extensiva la participación política a todos los actores de la sociedad, porque es imprescindible demostrar que solo hay una discusión verdadera a plantear, como incipientemente lo planteaba Leopoldo Moreau en sus Contradicciones Fundamentales. Si no somos capaces de hacer ver y entender que los nombres van y vienen, que es legítimo encolumnarse detrás de aquellos que interpreten nuestros ideales, pero que dichos ideales estarán siempre por encima de todos y todas; si no podemos hacer que el tipo común apague la tv o la radio y decida ver el mundo por sus propios ojos, o si no podemos hacer que aquellos que muestran como logro no interesarse en política, sin darse cuenta que son las deciciones políticas las que le van a hacer la vida más o menos vivible, si no podemos, compañeros, habremos perdido mucho más que una elección


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